Alemania Día 9. Pueblos de la Selva Negra: Gengenbach, Schiltach y Alpirsbach

La ruta prevista para hoy discurre desde Friburgo hasta Stuttgart, donde visitaremos Gengenbach (pueblo donde los problemas no existen), Schiltach (pueblo que hay algún problema, pero pocos) y Alpirsbach (famoso por su cerveza)

Después del día 8 recorriendo la Selva Negra profunda, hoy dejamos Friburgo y nos vamos para el norte, pasando por los últimos pueblos de la Selva Negra.

Gengenbach
Gengenbach
Gengebach
Dejamos Friburgo, que había sido nuestro cuartel general los últimos 3 días y nos dirigimos para el norte en busca de Gengenbach.
Después de 50 minutos de viaje, llegamos a nuestro destino. Dejamos el coche en uno de los aparcamientos públicos cerca de la estación de trenes (en la Selva Negra, casi todos los pueblos turísticos desvían los coches hacia estos aparcamientos, así el casco antiguo está libre de coches y el tráfico más ordenado).
Gengenbach es un pueblo de encanto, parece pintado o sacado de una secuencia de alguno de esos dibujos animados basados en personajes nórdicos.
Todo está colocado, lleno de flores, todas las casas del mismos estilo, limpios, sin ruidos ... según mi esposa es imposible que en este pueblo existan los problemas.
En este pueblo lo que apetecía era pasear y meterse en la idiosincrasia del lugar.
Lo que más llama la atención son las casas, todas con la fachada de bigas de madera vista y pintadas de llamativos colores.
Después de dar una vuelta pasamos a su iglesia, que como todo el pueblo tiene un encanto especial.
Toda la iglesia estaba decorada con pinturas, las más llamativas son las del techo, pero cualquier otro rincón al que miraras encontrabas pinturas. Por ejemplo, las columnas también estaban pintadas con diferentes símbolos que me recordaban más una iglesia ortodoxa que a una católica.

Schiltach
Schiltach
Schiltach
Dejamos un pueblo de cuento y nos encontramos con otro pueblo de cuento.
Según mi mujer si en Gengenbach era imposible que existieran los problemas, en Schiltach pudiera ser que existiera alguno, pero con pocas posibilidades que apareciera.
En Shiltach nos encontramos en otro pueblo de encanto, de hadas, de dibujos animados,sólo apetece pasear por él y que el tiempo no corra.
No quiero pensar lo maravilloso que debe ser pasar la Navidad en este pueblo, me lo imagino nevado, con luces de Navidad, al calor de la chimenea y con villancicos de fondo.
Si Gengenbach era bonito, en nuestra opinión Schiltach es todavía más bonito.
Aquí aprovechamos para comer en una taberna y visitar el museo Markt, que en principio exponía utensilios típicos de la zona. La verdad es que no es muy interesante, casi es más bonita la casa donde está que la exposición de dentro.


Alpirbach
Alpirsbach
Alpirsbach
Después de los pueblos de cuento, llegamos a uno más terrenal: Alpirsbach, el pueblo de la cerveza.
Este pueblo es famoso por su cerveza Alpirsbacher. Cuando planificamos la ruta marcamos como visita obligada su fábrica de cervezas, por lo que cuando apareció el cartel de bienvenidos, paramos para buscar en el GPS como llegar a la fábrica. El GPS no entiende de cervezas y no la encontraba, pero curiosamente, levantamos la cabeza y habíamos parado enfrente de la fábrica.
La pena vino después, era domingo y estaba cerrada, por lo que no pudimos visitarla.
Continuamos por la carretera que cruza el pueblo hasta llegar al otro extremo, donde está la Ábadía Benedictina de Alpirsbach. Con casi un milenio de historia, este monasterio fue una de las causas por las que Alpirsbach tuvo un gran desarrollo económico en la edad media.
Estuvimos paseando por los alrededores y descubrimos un precioso jardín en la parte trasera del monasterio.
No nos podíamos ir sin comprar unas botellas de cerveza. Aprovechamos la tienda que está al lado del monasterio para adquirir unas botellas que degustaríamos en el hotel cuando estuvieran bien fresquitas.

Después de esta visita cervecera, pusimos rumbo a Baden-Baden por la 294, era nuestra última visita prevista del día.
Cuando llevábamos unos 30 km, el paisaje cambio y las colinas dieron paso a un tupido bosque de pinos, totalmente llano, y una carretera sin una sola curva cortándolo por la mitad como si hubieran usado un cuchillo para cortar mantequilla. A la vez comenzó a diluviar y el cielo se oscureció, el limpiaparabrisas del coche en segunda velocidad no daba para evacuar tanta agua. Parecía la escena perfecta de una película de intriga o de terror.
Lo peor llegó después, los coches que llevábamos delante comenzaron a parar, hasta que nos detuvimos. Había una accidente unos kilómetros por delante y el tráfico estaba interrumpido. Después de 45 minutos seguíamos parados, y muchos coches que teníamos delante comenzaron a darse la vuelta.
Al final decidimos volvernos y coger alguna carretera secundaria como alternativa, pero se nos había hecho algo tarde para ir a Baden-Baden, por lo que pusimos rumbo a Stuttgart y dimos el día por terminado.

Para el día siguiente habíamos planificado: "Alemania Día 10. Castillo de Ludwigsburg y Stuttgart"

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