Alemania Día 10. Castillo de Ludwigsburg y Stuttgart

Abandonamos la Selva Negra y llegamos a una ciudad que es famosa por sus coches Mercedes y Porsche: Stuttgart.

Después del día 9 recorriendo los últimos pueblos de la Selva Negra, hoy está planeado Stuttgart y alrededores.


Palacio de Ludwigsburg
Palacio de Ludwigsburg
Palacio de Ludwigsburg
Nuestra primera visita del día se encontraba a 20 km al norte de Stuttgart, en una pequeña localidad llamada Ludwigsburg, famosa porque allí está el castillo erigido por el duque Eberhard Ludwig intentando imitar al palacio de Versalles: La Residendezschloss.
Imitar Versalles es prácticamente imposible, pero el duque trabajó duro para conseguirlo y el resultado es maravilloso, no tanto por el palacio sino por sus hermosísimos jardines.
Habíamos planificado ver el castillo por fuera y los jardines en detalle, por lo que sólo sacamos entrada para estos últimos.
La primera imagen, entrando a los jardines por la puerta principal y con los el castillo al fondo, impresiona. Pocas composiciones tan perfectas como esta puedes encontrar en otros castillos.
Pero los verdaderos jardines estaban detrás del palacio, y donde pensábamos pasar una hora, al final estuvimos toda la mañana.
El recorrido por los jardines traseros lo empezamos justo en la parte opuesta de la entrada principal, pasamos por unas pajareras, donde canarios, loros y periquitos daban una pinta de color. Junto a ellos estaba la "Caverna de Hielo", una cabaña oscura con un pozo en medio donde se proyectaban imágenes de la edad del hielo.
Jardines del palacio de Ludwigsburg
Continuamos por el "Bordado Barroco", que consistía en un intricado diseño de plantas haciendo formas alrededor de una fuente.
Siguiendo en dirección al palacio llegamos al Valle del Canto de los Pájaros. En medio de los jardines, han logrado hacer este microambiente, en el que tienes la sensación que no hay nada más alrededor y que te has trasportado a algún otro punto del planeta. Todo ello con el sonido de los pájaros de fondo.
Torre de Rapuntzel
Seguimos paseando entre los jardines hasta que dimos con la entrada al "Jardín de los Cuentos de Hadas". Esta fue la sorpresa del día, han recreado dentro de los jardines parte de las escenas de algunos cuentos. Casas a tamaño natural con sus personajes dentro, que cuando te aproximas se ponen en movimiento y te cuentan un pasaje del cuento. Un pequeño trenecillo recorre la ciudad encantada y unas barcazas recorren un canal que va entre las casas.
La joya de la corona es el Castillo de Rapuntzel, donde una gran trenza desciende desde lo alto de la torre cuando le gritas a Rapuntzel que te eche al viento su cabello.
Todo un espectáculo para niños y no tan niños, nos encantó.
Para terminar, encontramos una puerta que daba la "Gruta de Posillipo", la seguimos y llegamos hasta un aviario gigante, donde garzas, cigüeñas y todo tipo de pájaros volaban a tu alrededor, sin la posibilidad de escaparse gracias a una gran malla en el techo. No nos esperábamos algo así en ese lugar.
Después de salir del aviario, eran ya las 3 de la tarde y no sabíamos donde nos podían dar de comer. Al lado había una puerta para salir de los jardines y vimos como en una terraza cercana todavía estaba gente comiendo. Nos acercamos y pudimos disfrutar de nuestra última comida en Alemania, con una cervecita bien fría.


Palacio nuevo de Stuttgart
Stuttgart
Después de comer volvimos a Stuttgart, ya era media tarde y decidimos irnos al casco antiguo, el cual se encontraba a 10 minutos del hotel.
Nos fuimos andando y el recorrido hasta allí nos pareció decepcionante. En general, lo que vimos de Stuttgart no nos gustó, nos pareció una ciudad impersonal y sin espíritu .
La verdad es que no tuvimos mucho tiempo y nos hubiera gustado ir a visitar el museo Mercedes o haber dedicado varias horas al palacio nuevo, pero lo que pudimos ver no nos gustó.
Como decía, el paseo hasta el centro fue decepcionante, todo en obras, no muy bien cuidado y algunas veces nos daba la impresión de estar en un suburbio marginado.
Cuando llegamos al centro, no había casi nadie, parecía una ciudad fantasma. Estaba atardeciendo y todo el mundo había desaparecido.
Nos dimos un paseo por las calles y plazas, sacamos unas fotos del Palacio Nuevo, alguna iglesia y la plaza del castillo.
Para colmo, el fin de semana hubo un concierto en los jardines de detrás del palacio y estaba todo lleno de carpas y urinarios portátiles, que precisamente incitaba poco a disfrutar del momento.
Decidimos dar por terminada la visita, irnos a cenar y descansar en el hotel, pensamos que por esa noche no podíamos sacar nada más de esta ciudad.

Para el día siguiente habíamos planificado: "Alemania Día 11. Ulm"

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1 comentario:

  1. Hola,
    Viví en Ludwigsburg, y ahora vivo en Stuttgart. Creo que elegísteis un mal día para visitar Stuttgart. Seguro que era domingo! Los domingos a los alemanes les cuesta salir de casa, no sé por qué será.. Es verdad que no es una ciudad bonita, la destrozaron en la II Guerra Mundial e intentaron hacer una reconstrucción moderna que les ha salido bastante mal.. Pero tampoco es un suburbio marginado jajaja. Me ha hecho mucha gracia esta descripción. Si te atreves a darle una oportunidad ven en Adviento. Con los mercadillos de navidad sí que está bonita :)

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