Irlanda - De Connemara al Anillo de Kerry

Tras 100 días sin llover en el centro de España, aterrizamos en Irlanda, donde todos los días llueve, aunque sólo sean unas gotas. El cambio fue radical, de 42º C (22º C de mínima) en España pasamos a los 18º C de máxima en Irlanda. Fue toda una gozada.
Si tuviera que describir Irlanda, lo haría con una sola palabra: "Verde".
Nos programamos visitar un área que iba desde Connemara (al norte de Galway) hasta Kenmare (al oeste de Cork)
En nuestro caso el recorrido lo hicimos en 5 días, en coche de alquiler, pero deberíamos haber estado 2 o 3 días más. Sobre todo para visitar Connemara más detenidamente y hacer alguna ruta de senderismo por este parque natural.



Abadía de Kylemore

Connemara
Antes de llegar, ya íbamos predispuestos a que nos íbamos a encontrar uno de los lugares más hermosos que nunca habíamos visto. Todo el mundo nos había dicho lo mismo, y efectivamente lo es.
Connemara es un lugar para recorrerlo tranquilamente, parándote en montones de rincones, a cual más bonito, y disfrutar del entorno.
Al contrario de otros lugares, donde tienes que visitar un punto en concreto, en Connemara tienes que recorrer toda la zona y poco a poco te vas impregnando de sus paisajes, olores, colores, suaves colinas, lagos, praderas ...
Si hubiera que destacar algo sobre el resto, me quedaría con la abadía de Kylemore. Está ubicada en un enclave espectacular, a la espalda de una montaña y a la orilla del lago Pollacappul.
Si la primera imagen es la que cuenta, en nuestra retina se quedó la primera vez que vimos la abadía, como si estuviera suspendida sobre el lago.
Además de la abadía, se puede visitar un jardín victoriano de 6 acres, una pequeña iglesia gótica que parece una catedral en miniatura, la "piedra de planchar" que si consigues lanzar una piedra y que se quede en su vértice superior se te cumplirá tu deseo y, si vas con tiempo, puedes hacer una ruta hasta la estatua del sagrado corazón en lo alto de la montaña.
Antes de llegar a la abadía de Kilemore, estuvimos en un pequeño y coqueto pueblo llamado Clifden. Nos dimos un pequeño paseo por el pueblo y visitamos sus dos iglesias, una católica y otra protestante, que parecen competir entre ellas para ver cual de sus campanarios destaca más.
Desde Clifden nos fuimos para la abadía de Kylemore siguiendo la "Sky road", una carretera que va serpenteando por el borde de la costa y podemos decir que es una de las más bonitas por las que hayamos circulado en todos nuestros viajes. Cada cierto tiempo íbamos parando para poder contemplar las espectaculares vistas.
Este día probamos por primera vez el famoso "fish and chips". El pescado era bacalao y estaba buenísimo.


Acantilados de Moher

Acantilados de Moher
Aunque es el típico lugar turístico, no hay que perderse esta maravilla de la naturaleza. Para llegar hasta ellos decidimos no seguir la carretera convencional y desviarnos por una carretera costera que va bordando el mar. Nuestro lugar de partida fue Galway y fuimos hasta Moher pasando por Muroogh. Esto nos permitió ir parando cada cierto tiempo, y fuimos comprobando como la costa se iba haciendo cada vez más agreste y los acantilados mayores, hasta llegar los espectaculares acantilados de Moher.
Desde los acantilados de Moher nos fuimos hasta la tercera ciudad más grande de Irlanda: Limerick. Es una ciudad para disfrutarla andando, visitar su parte medieval y sobre todo su castillo con más de 800 años de antigüedad. Tenemos que reconocer que nosotros no podemos contar mucho más, nos comenzó a diluviar nada mas llegar.

Cena en el Cassidy's Restaurant de Tralee
En todos los viajes, siempre hay algún restaurante, bar o tasca de pueblo, que por alguna razón terminas calificándolo como: "el mejor sitio ....". En el siguiente viaje sueles encontrar otro de estos sitios que quita al anterior ese primer puesto.
Pues en este viaje, ese "el mejor sitio ...", indudablemente lo ocupa el Cassidy's restaurant. Seguramente que no sea el que mejor comida sirva de toda Irlanda, ni el que tenga los mejores vinos y seguro que hay otros en lugares mejores, pero para nosotros es el que mejor recuerdo nos ha dejado.
Llegamos a Tralee y decidimos salir a cenar. Eran las 21.00h y eso en Irlanda es muy tarde para cenar, por lo que no esperábamos encontrar nada decente. Andando por el pueblo encontramos este restaurante, que tras asomarnos por la puerta nos causó muy buena impresión. Por tanto nos decidimos a entrar.
Es un lugar muy acogedor, compuesto de varias habitaciones, cada una de ellas acondicionadas de comedor.
A pesar del encanto de camarera que nos atendió, nuestro inglés no daba para terminar de entendernos y la camarera nos dijo que en la cocina había una chica de España, que esperáramos y saldría a ayudarnos a elegir. Y así fue, un unos minutos teníamos a la simpática Erika tomándonos la nota y ayudándonos a elegir la cena.
Terminamos pidiéndonos unos entrantes y un "Irish beef de 12 onzas" para cada uno. Erika nos dijo que estaba en Irlanda intentando perfeccionar su inglés, que era de Álava y que su familia tenía una bodega y que nos recomendaba uno de sus vinos: Un reserva de Señorío de las viñas.
La elección fue perfecta, la carne espectacular y el vino para repetir.
Cuando terminamos, salió a saludarnos Juan, el responsable de todo. Con él compartimos una agradable conversación donde nos contó los años que llevaba en Irlanda.

Península de Dingle



Anillo de Dingle
Es el lugar donde más tarde se pone el sol de toda Europa, al estar en el punto más al oeste de Irlanda. Nosotros lo recorrimos partiendo desde Tralle, recorrimos toda la costa norte, parándonos para poder contemplar el paisaje, que en algunos momentos mezclaba las montañas, con los lagos y con el mar. Repasando alguna de las fotografías que tenemos, parecen cuadros salidos de la mente de algún gran pintor, donde quería reflejar los más maravillosos paisajes que se imaginaba.
Llegamos hasta Dingle y después nos fuimos por carreteras secundarias hasta el punto más occidental. De camino a este lugar se encuentra el oratorio de Gallarus, que data del siglo VIII y fue realizado por los monjes en piedra seca con forma de naveta.
Terminamos de recorrer la península de Dingle por su parte sur, siguiendo la carretera que va desde Dingle hasta Killarney. Paramos en la playa de Inch para ver una lengua de tierra que se adentra en el mar y que es famosa por la práctica del surf y porque allí se rodaron algunas de las escenas de la película La hija de Ryan de David Lean.

Anillo de Kerry
Podemos decir que el anillo de Kerry es una carretera circular que sale desde Killarney y tras más de 150 km, vuelve al punto de partida.
Nosotros la recorrimos en contra de las agujas del reloj, y además de disfrutar del paisaje, os recomendaríamos dos sitios que no deberíais perderos.
La isla de Valentia. Está en la parte más occidental de la península de Kerry. Se accede a ella por un puente que sale desde Portmagee. La isla se recorre en un par de horas y visitamos los acantilados de Fogher y la gruta donde se encuentra la imagen de la Virgen María.
Tras dejar la isla nos fuimos bordeando el litoral por la carretera costera. Quizá fue la carretera más estrecha y complicada por la que viajamos, y además por la izquierda, pero el paisaje y los acantilados lo merecían.


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