Navarra III - Olite y monasterio de la Oliva

El día amaneció lluvioso y las previsiones nos decían que empeoraría a lo largo de la mañana, por lo que cambiamos un poco los planes y decidimos dejar la naturaleza virgen de los Pirineos por un día cultural, recorriendo la zona media de Navarra.

Olite
Castillo-Palacio de Olite
Comenzamos en Olite, ciudad que fue sede real y que por tanto guarda multitud de rincones que evocan aquella época.
Nuestra primera impresión es que nos habíamos metido en una ciudad medieval, y la segunda impresión es que toda la gente vestia de la misma forma. Lo de la vestimenta era normal, estaban en fiestas y todos iban de blanco con su pañuelo rojo.
Os contaremos primero su lado cultural. Nuestra primera visita fue a la iglesia gótica de Santa María. Lo que más nos gustó fue su portada.
Desde la iglesia nos fuimos a visitar el castillo-palacio Real, no os lo tenéis que perder. Nos llamó la atención la cantidad de torres que tiene (exactamente 15).
Una vez dentro subimos a la torre del homenaje y desde allí fuimos visitando todas las dependencias del palacio. Lo que más nos gustó: "el jardín colgante" que el rey mandó construir para la reina al lado de su habitación en el primer piso y pasear entre sus torres con unas vistas privilegiadas sobre toda la zona.
Encierros para niños
Después de nuestra visita cultural, nos adentramos en la parte más lúdica. Eran las 12 de la mañana y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos en medio de un encierro. La gente corria a nuestro alrededor y a lo lejos se veían unos cuernos que venían hacia nosotro.
Por suerte eran los encierros para niños, y los cuernos iban sobre unas ruedas empujados por un joven. Nos resultó muy curioso observar como desde pequeños los niños ya viven los encierros.
Aprovechamos una tasca para tomarnos el aperitivo, impregnados por el ambiente festivo.

Monasterio de la Oliva
Dejamos Olite y cogemos la N-121 en dirección sur hasta encontrarnos un desvio a la izquierda hacia el monasterio Cisterciense de la Oliva.
Llegó a ser uno de los monasterios más poderosos de Navarra, gracias a sus extensas tierras de cultivo y a su gran biblioteca.
Monasterio de la Oliva
Apenas estaba concurrido y lo visitamos sin nadie a nuestro alrededor, por lo que pudimos observar la paz que transmiten sus estancias. Visitamos su iglesia, el claustro y la parte de fuera que es utilizada como huerto.
Después de la visita, pasamos por la tienda y estuvimos hablando un buen rato con el monje que la atendía. Compramos tres botella de vino de los viñedos del monasterio. Nos dijo que hasta hace poco eran ellos mismos quien hacían el vino, pero que desde hace unos años lo tienen subcontratado a una empresa bodeguera (hasta lo monjes subcontratan).
De las tres botellas que compramos, una era tinto de crianza, otra tinto reserva y la otra rosado joven, que según nos dijo el monje eran el que normalmente utilizaban para comer.

Aquí terminamos nuestra ruta, seguía lloviendo y decidimos volvernos para el hotel. Tambien teníamos previsto pasarnos por Ujué y ver el cerco de Artajona, pero el clima nos lo impidió, "llovía a cántaros".



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